sábado, 18 de diciembre de 2010

Nueva Definición de Pergamino

Oh, la ciudad crecida entre sojales,
ya pisoteadas las huellas de la indiada,
tus heredades agonizan extenuadas,
por la avaricia de oriundos tan banales.


Urbe henchida de desigualdades,
tu arroyo se corrompe y te emponzoña;
Y cruel, cual ave de carroña,
luchas sólo en reyertas comerciales.


Sobre tu suelo, que agota su firmeza,
tu lujo, se fusiona en el camino
con el neonato que muere en la pobreza.


Fruto de quien trabaja es tu destino
mas se lo niegas y ocultas tu riqueza.
Costa vacía y umbrosa es Pergamino.

jueves, 9 de diciembre de 2010

La represión en Villa Soldati y los derechos torcidos

Desde que era un niño vengo escuchando una frase que es casi patrimonio exclusivo de la clase media argentina: “el derecho de uno se termina donde comienza el derecho de los demás”.

Soy un apasionado oyente de las emisoras de Amplitud Modulada, sobre todo de los programas que comienzan a medianoche. Fue en uno de esos programas que, una vez más, volví a escuchar dicha frase. El oyente que dejaba su mensaje en el contestador hacía alusión a la toma de terrenos en Villa Soldati, hecho que desembocó en otro episodio de violencia institucional que costó la vida de dos personas a causa de la represión implementada por la Policía Metropolitana, la Federal y la Gendarmería y que, por tal motivo, compromete en cuanto a responsabilidades no sólo al gobierno de Macri sino también al de Cristina Fernández.

Además de disparar la frase en cuestión, el oyente “opinador” juzgó a los ocupantes de los terrenos como inmigrantes ilegales que “vienen a quitarnos trabajo y que pretenden vivir en igualdad de condiciones que el resto de los argentinos que pagamos nuestros impuestos”. Otro latiguillo repetido hasta el hartazgo por la clase media.

Pero volviendo al tema de nuestros derechos y los derechos de los demás, cabe preguntarse quiénes son los demás. Si los demás son los poderosos, los gobernantes que son funcionales a estos poderosos, las multinacionales, los grandes empresarios, vale aclarar que los derechos de los desposeídos, los explotados, los desocupados, los desnutridos y los marginados, no empiezan ni terminan en ninguna parte; sencillamente no existen.

El derecho a una vivienda y a un salario dignos como reza la Constitución argentina, ¿dónde empieza para quienes ni siquiera poseen un trabajo digno? ¿Dónde empieza el derecho de los trabajadores tercerizados del Ferrocarril Roca? ¿Empieza ese derecho con la muerte de Mariano Ferreyra?
¿Dónde empieza el derecho de discutir con los gobernantes el acceso a una vivienda? ¿Empieza con la muerte de dos jóvenes? ¿Dónde empieza el derecho de los tobas y otros tantos pueblos originarios a permanecer en sus tierras si son literalmente empujados por las topadoras de los grandes pooles sojeros?

Decir que nuestros derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás es lo mismo que decir que la llanura termina en el horizonte; el horizonte se va corriendo a medida que transitamos el camino.

El horizonte de quienes no poseen vivienda, tierra o trabajo, lo fijan los que ostentan el poder político, económico y militar. Es hora de correr el horizonte hacia el lado opuesto. Ese camino estaban transitando Bernardo Salgueiro y Rosemary Puña en Villa Soldati, el diaguita Javier Chocobar en Tucumán, Sandra Juárez en Santiago del Estero, el qom Roberto López en Formosa y Mariano Ferreyra en Barracas cuando fueron asesinados.

Publicado en "Rebelión" 10/12/2010 - Copyleft

jueves, 23 de septiembre de 2010

La imagen y la Televisión

En "Retórica de la imagen", Roland Barthes sostiene que "a nivel de las comunicaciones de masas, es evidente que el mensaje lingüístico esté presente en todas las imágenes: como título, como leyenda, como artículo de prensa, como diálogo de película..." y que "toda imagen es polisémica", es decir, pasible de contener varios significados.

Sigo trabajando en el libro...

lunes, 7 de junio de 2010

¡Viva la subjetividad periodística!

Redacción, adrenalina, último momento, editorial, jefes, empresa, salario, empleo, corresponsal de guerra, presión, fuente, políticos, influencia, amenaza, despido. Palabras que, aunque deliberadamente desordenadas, guardan una estrecha relación entre el periodista y el mundo que lo rodea. Claro, hablamos del periodista auténtico, no de aquellos que se han convertido en estrellas de los medios.

Ser periodista es estar al servicio de la verdad, aunque ésta siempre esté cargada de subjetividad.

Decía Mariano Moreno que: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que sabe, lo que puede y lo que vale, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar durante un tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte, el mudar de tiranos, sin destruir la tiranía”.

Ser periodista es ilustrar, instruir a quienes están en desventaja frente a los tiranos de los que hablaba Moreno, frente a la burocracia omnipresente, frente a la injusticia que surge de los poderes económicos y políticos, frente a las mafias que pululan por doquier.

Ser periodista, es tener coraje y, como decía Moreno, preferir la libertad peligrosa a la servidumbre tranquila.

Ser periodista es mostrar la realidad, aunque duela, aunque hiera, aunque sea molesta como la picadura de un tábano, aunque meta el dedo en la llaga de la impunidad que poseen los poderosos.

"Aunque se sufra como perro no hay mejor oficio que el periodismo", dijo Gabriel García Márquez.

Para esos periodistas, los que se comprometen, y en especial para los del diario “Crítica de la Argentina”, va mi afectuoso saludo en su día.

viernes, 28 de mayo de 2010

Cerraron una fábrica pero la televisión dice que hay caos en el tránsito


Alguien dijo que existen tres tipos de noticias: las verdaderas, que son las que figuran como “Obituario”, “Necrológicas” o “Avisos fúnebres”; las probables, que se hallan en el espacio del Servicio Meteorológico y… las otras.

La televisión, como ese “Gran Hermano” que magníficamente describiera Gerge Orwell en su novela "1984", nos vigila celosa y atentamente. No miramos la tele, la tele nos mira. Nos observa con sus ojos de “rating minuto a minuto” y después de examinar concienzuda y estadísticamente nuestras preferencias, deja que la miremos como ella quiere que la miren.

Las transmisiones “en vivo”, tanto en los canales de aire como en los de cable, nos ametrallan con datos: en el centro de la pantalla -por citar un ejemplo- un accidente, en los ángulos superiores la hora, temperatura y sensación térmica y en la parte inferior (zócalo en la jerga televisiva), se puede leer el titular de la noticia, la cotización del dólar o el resultado parcial de un evento deportivo: “Federer le saca ventaja a Nadal en el segundo set…” Es muy común también, que la imagen se divida en dos: en una de ellas se puede ver, en ocasiones de manera reiterada, el acontecimiento central y, en la otra -continuando con el ejemplo del accidente-, una entrevista a un testigo del hecho.

La inmediatez en la información televisiva se retroalimenta con la ayuda de los “televidentes-corresponsales” que envían el video del tornado o la inundación que arrasó su ciudad, del accidente del cual fueron espectadores privilegiados o de la llegada del ganador del “Dakar”.

La “caja boba” nos brinda la noticia asimilada, digerida y fragmentada, de manera tal que la capacidad de análisis por parte del rehén-televidente se ve reducida a su mínima expresión. Además, por si quedara algún bache en la corteza cerebral del desprevenido receptor, siempre contamos con un “especialista” que despejará dudas y abundará en datos, anécdotas y precedentes en torno al tema en cuestión.

Si nos tomáramos la tarea de escribir palabra por palabra las exposiciones de los conductores de los noticieros, las preguntas de los "movileros" y las respuestas de los entrevistados, al leerlos nos encontraríamos, la mayoría de las veces, con diálogos pobres e inconsistentes, con minúsculos fragmentos de una realidad determinada: realidad-noticia que es producida con el único fin de que sea una instrumento más de entretenimiento.

El lenguaje televisivo de los informativos, pobre en palabras y rico en imágenes, siempre apelará a la emotividad del televidente, jamás a su racionalidad, construyendo de esa forma un mecanismo perverso que tergiversa deliberadamente la percepción del receptor.

El formato actual de los noticieros no tiene la misión de informar sino de entretener. Las imágenes, editadas y convenientemente musicalizadas, etiquetadas con títulos sugestivos en los "zócalos", más que anunciar la noticia nos dejan un mensaje que sintetizará lo que el medio quiere que "veamos" y no lo que nuestro juicio crítico pueda concluir. De esa forma, es habitual que una movilización de obreros manifestándose en contra del cierre de una fábrica, lleve por título "Caos en el tránsito". Así, el eje de la noticia que es el cierre de una fuente de trabajo, se perderá de vista y quedará reducido a destacar las ocasionales molestias que una acción legítima provocará a peatones y automovilistas.

Norberto Glavinovich (Copyleft)
Publicado en "Rebelión" (29-05-2010)

viernes, 14 de mayo de 2010

Libertad de prensa, libertad de empresa - Nos mean y los medios dicen que llueve


Qué deben hacer los periodistas en un mundo en el que 300 millonarios ostentan más riqueza que cerca de la mitad del planeta.
Vivimos en un mundo en el cual, las desigualdades económicas entre países industrializados y países en vía de desarrollo, están pasando del estado de lo desigual al de lo inhumano. En ese marco, los medios masivos de comunicación no hacen más que otorgar sustento ideológico y propagandístico a ese retorcido escenario; al decir de Serge Halimi, como “los nuevos perros guardianes” del sistema.
¿Qué hacer cuando en el propio seno de los países "democráticos", el dinero domina el sistema político, y a toda la maquinaria informativa que lo sostiene? ¿Cómo sería posible que periodistas e intelectuales pudieran denunciar esta situación y proponer soluciones cuando estos millonarios: los "Bill" Gates (Microsoft) , los Rupert Murdoch ("The Times", "Sunday Times", Fox, etc), los "Ted" Turner (CNN), los Conrad Black ("The Daily Telegraph"), es decir los dueños de la información a escala planetaria, son quienes invierten, reestructuran y despiden; son también los empleadores de los periodistas, sus distribuidores y sus anunciantes?
En cada país y aún en cada ciudad existen, salvando las distancias, los empresarios convertidos en "amos" de la comunicación. Cada ciudad, cada provincia tiene su propio Ted Turner.
En un contexto universal globalizado, ¿pueden todavía los periodistas ejercer un rol de "contrapoder"? ¿Animar a aquellos que viven en la angustia y afligir a quienes disfrutan del bienestar? ¿Lo pueden hacer cuando los periodistas más reconocidos y a menudo los más poderosos pertenecen a esta nueva clase dirigente y a su mundo de negocios?
Quizá los medios puedan liberarse de las presiones políticas, pero jamás lograrán hacerlo con las económicas. Es más, estos mismos medios operan políticamente en beneficio de intereses económicos de las grandes corporaciones y las multinacionales que, en el ámbito del nuevo orden mundial, se han convertido en el intocable gobierno global.
En un sistema en el que la información es una mercancía más, es impensable que un periodista, por poner un ejemplo, pueda plasmar una crítica al uso del glifosato en tanto el medio para el que trabaja cuenta como principal auspiciante a Monsanto.
Las intimidaciones económicas sobre la libertad de expresión de los periodistas pueden provenir tanto de los derechos del propietario de los medios como de las presiones económicas que pesan sobre esa empresa. La mayoría de los trabajadores de prensa, en su carácter de asalariados, se encuentran subordinados a los lineamientos editoriales del dueño y patrón del medio y de las empresas que comercialmente lo sostienen.
Conscientes o no, los "comunicadores" son diariamente los centinelas del orden y los ventrílocuos del sistema alimentando el discurso de los medios masivos de comunicación que se empeñan en convencer a cualquier precio de las bondades del orden mundial vigente.
Es ineludible reconocer e identificar a los garantes de la manipulación desfachatada de la supuesta "libertad" en defensa de intereses económicos maquillados con una ensayada actitud ascética. Es imprescindible darles pelea a quienes atentan sistemáticamente contra el juicio crítico de lectores, oyentes y televidentes; tarea que llevan a cabo mediante salvajes manipulaciones, omisiones, censuras y autocensuras mientras se llenan la boca hablando de independencia y objetividad informativa.
Nos mean y los medios dicen que llueve

Así decía un graffiti que denunciaba a los medios masivos de comunicación y su rol en el “Argentinazo” de diciembre de 2001.

La formación de la opinión pública es un objetivo estratégico de los grupos de poder, enfocan muy precisamente sus recursos hacia aquellos temas que favorecen tal o cual necesidad coyuntural para la valorización del capital (apoyar o denostar un régimen o gobierno, desviar la atención de algún problema particular, promover algún proyecto político o económico, etcétera). En este sentido, los medios masivos muchas veces incluyen temas sensibles socialmente en pos de algún objetivo poco claro, como puede ser alguna interna entre los propios intereses del poder o tratar de presentar lo habitual como excepcional (de tanto en tanto algún niño muere de hambre en vivo y en directo por los canales de TV y los diarios publican la noticia en tapa)
En la prensa oficial o “tradicional” existe una dificultad muy grande de pensar en un conflicto. Cuando éste aparece, ¿qué hacen los medios? Cuando pueden, lo borran (si no, se publicarían notas sobre todas las huelgas y conflictos laborales que existen a lo largo y a lo ancho del país, por tomar sólo un ejemplo.) Cuando les resulta imposible borrar el conflicto, tratan de “cubrirlo” en el más amplio sentido de la palabra. Darle cobertura de prensa y ocultarlo, taparlo.

La moral de los “grandes medios” es muy dudosa: ¿Cómo podrá hacer “Clarín” para hablar de valores o paradigmas cuando su propietaria está acusada de haber adoptado a niños expropiados por la dictadura? ¿Qué puede decirnos “Crónica TV”, que si bien dice estar siempre junto al pueblo, mantiene oculto un conflicto laboral con sus trabajadores al igual que la impoluta “Crítica de la Argentina”? ¿Qué pueden decirnos al respecto otros medios que surgieron de las transas del menemismo o del lavado de dinero proveniente del narcotráfico?

Volviendo al título y ampliándolo; “Nos mean y los medios de comunicación dicen que llueve”... ¿No será hora de abrir nuestros paraguas para que no nos orinen y de sacarnos las anteojeras para ver que la realidad no es solamente la que pasa por la TV, la radio o los grandes diarios?

Uno y los medios

Años atrás esperábamos ansiosos que el repartidor de diarios dejara debajo de la puerta el matutino de preferencia. Hoy lo vemos por Internet a medianoche y en lugar de desayunarnos con las noticias, nos vamos a dormir intentando digerir el postre periodístico.

Despertarse con la radio o la televisión encendidas es casi una costumbre para muchos mortales, entre los que me cuento. Me duermo con el susurro de la radio sobre la mesa de luz y muchas veces sueño con catástrofes, accidentes, crímenes, piquetes y muertes de notables que no son más que una representación onírica del relato del locutor de turno.

Nadie puede negar que los medios de comunicación se han instalado definitivamente en la vida de los habitantes del Siglo XXI. Todos, voluntaria o involuntariamente, formamos parte de ese conglomerado de espectadores-rehenes de la agenda informativa que fijan los amos de la información.

lunes, 22 de marzo de 2010

2009, odisea en el ciberespacio


Utilizo internet desde su llegada a las tierras argentinas. Cuando aún no tenía la computadora en casa, iba regularmente a un cibercafé a buscar letras de canciones, información política o a leer la prensa online de Argentina, España y Francia.

En los albores de la comunicación cibernética, el e-mail (correo electrónico) se utilizaba del mismo modo que el correo convencional: mensajes informales a amigos y familiares enviando saludos, informando o preguntando sobre una situación en particular, alguna que otra “carta virtual” formal relacionada con cuestiones laborales o dirigida a personas que por diversos motivos requerían un trato más prudente o considerado.

Hoy en día, es habitual abrir el correo electrónico y encontrarse en la casilla con varios correos que comiencen en el Asunto con FWD (reenvío) o tener más de alguno con remitente desconocido.

Son las famosas cadenas, mensajes de correo en su mayoría engañosos que promueven una aparente campaña benéfica, o alertan sobre el último virus aparecido.

Muchos de estos mensajes contienen textos alarmantes en los que se señala que si no son reenviados a tu libreta de direcciones, corres el riesgo de quedar infectado con un virus, perder el trabajo o llenarte de mala suerte. Otros juegan con la sensibilidad de los internautas invocando casos supuestos de enfermedades, desaparición de niños o hacen colectas de solidaridad; mientras que otros usan el viejo estilo de las cadenas de la suerte que amenazan con una serie de calamidades si son cortadas. Pero, como es lógico, hay gente que ha roto las cadenas, y no les ha pasado nada; y otros que las han continuado y no se han hecho millonarios.

Ni qué hablar de los correos que supuestamente contienen información política y cuyo contenido es digno de la prensa amarilla o de los programas vespertinos de chismes de la farándula.

Gran parte del material que circula en internet utiliza el mismo mecanismo que el resto de los medios audiovisuales, a fuerza de repetir y repetirse, de reproducir de manera exponencial una información, termina instalándola como una verdad material, absoluta e indiscutible. Podríamos citar como ejemplo paradigmático la supuesta tenencia de armas químicas por parte de Iraq. Como dice el periodista y analista de medios Ignacio Ramonet: “La información circula de manera sobreabundante y nadie la puede detener”.

Así, puede ocurrir que los medios de comunicación, a través de una construcción intelectual repetida hasta el empacho, nos convenzan de que fulanito es el mejor candidato para las próximas elecciones o que menganito es una amenaza para todo el continente.

La despersonalización de la comunicación se ha hecho carne en los usuarios del ciberespacio, se ha instalado de manera preocupante: no te escribo, te reenvío algo que alguien, a su vez, me reenvió a mí: ¡vaya paradoja, vivimos interconectados y cada vez más incomunicados!

Si antes escuchábamos: “es verdad, lo vi en la tele”, hoy es muy común que alguien diga: “es cierto, está en internet”.

Las nuevas formas en materia de comunicación: contenidos multimedia, hipertextualidad, inundan la red con copiosa información contenida en millones de gigabytes y es esa exuberancia informática la que, a menudo, termina confundiendo, desinformando.

En 1930 Bertrand Russell dijo: "Ya que en los colegios ingleses se les enseña a leer los diarios a los niños, sería importante enseñarles a leerlos con incredulidad".

Hoy deberíamos no solo leer los diarios con incredulidad sino también ser oyentes, televidentes y navegantes de internet incrédulos: personas dueñas de espíritu y conciencia críticos que, al menos en lo que a información se refiere, nos permitan ser libres de la noticia empleada como una mercancía más. Porque el otrora Cuarto Poder ha sido herido de muerte por el Quinto, el poder económico.


Norberto Glavinovich
Publicado originalmente en "Rebelión" www.rebelion.org