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sábado, 10 de abril de 2021

Blues

 

Una gota de sangre cae
de la guitarra cansada.
Algodón, látigo, sudor
y lágrimas eternas.
El cielo negro se abre
en el verano profano:
llueven gritos, lamentos,
aullidos, risas celadas,
insultos francos.
Manos ajadas tejen
melodías interminables,
espiral sinfín
de la tristeza.
Los niños corren
detrás del desaliento
los viejos huyen
de la muerte implacable
y segura.
Sólo el lamento triste
se yergue sobre el horizonte,
desbaratando con notas
hambre, dolor, incertidumbre.
La furia es música suave
pero inclemente:
plegaria a los dioses
que nunca existieron,
reclamo a los hombres
que siempre han estado
para causar el mal
de otros hombres.
¡Libertad!, gritan
armónicas gargantas
rojas de ira,
moradas de cansancio.
Libertad, grita un blues
desafinado.
Libertad, por siempre
y para siempre.
Amén, baby. 

La luna en la basura

Desnuda la luna
se zambulle
en el lago estrellado
de la noche.
Las luces del centro encandilan
más que todos los soles
y los semáforos titilan
amarillos
su inquietud taciturna.
Las veredas despiertas acunan
la mugre
hecha comida.
Los perros y los hombres
se disputan la vida y la bolsa
de basura.
El asfalto refleja el mercurio
en su piel de alquitrán
plena de huellas
y las sirenas retumban
a lo lejos.
Los solitarios cuentan su rosario
de horas interminables
y desgajan baldosas
con pasos fatigosos.
La noche implacable
cubre de silencio
la ciudad, los corazones,
la miseria.