martes, 29 de marzo de 2011

El bloqueo a Clarín y la libertad de expresión



Fumar es perjudicial para la salud, consumir información con ingenuidad, también

"No sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa, que no sabemos lo que nos pasa" (José Ortega y Gasset)

El domingo pasado los medios de comunicación privados, como un solo puño que golpea en defensa del corporativismo empresarial, lograron disfrazar de “ataque a la libertad de expresión” un conflicto que mantienen con la patronal empleados de Artes Gráficas Ríoplatenses, una de las empresas del Grupo Clarín.

Canales, radios, diarios y hasta personalidades políticas y asociaciones de prensa, asumieron el rol de paladines de la libertad de expresión ignorando deliberadamente la política de exclusión, despidos y persecución que “el gran diario argentino” viene llevando a cabo sistemáticamente sobre sus trabajadores desde hace muchos años.

Sin embargo, el bloqueo que impidió la salida de la edición impresa de Clarín del domingo 27 de marzo, fue ajeno a la gran mayoría de los trabajadores de la planta impresora: la acción se registró en el marco de las maniobras que vienen desarrollando los sectores burocráticos del gremio afines a Moyano que aprovechan una situación sentida por el conjunto de los trabajadores para “matar dos pájaros de un mismo tiro”. Por un lado, dejar fuera de la lucha a los sectores más combativos encarnados por el delegado Pablo Viñas, despedido por la “Noble patronal”, por quien el Sindicato Gráfico no sólo no ha movido un pelo antes su despido sino que ha impedido explícitamente su reincorporación. Y, por otra parte, la obstrucción ha sido una inequívoca señal hacia el gobierno nacional, en concordancia con las últimas arremetidas de Moyano en su batalla por ganar espacios de poder dentro del gobierno, y así construir y consolidar impunidad antes los crecientes procesos judiciales que pesan sobre las cabezas de los “gordos” de la CGT, como el exhorto de la justicia suiza en el caso de Moyano, la investigación a Venegas y el encarcelamiento de Pedraza…

Pero la inmaculada libertad de expresión por la cual se rasgan las vestiduras los medios monopólicos que, más que libertad de prensa ambicionan libertad de empresa, no existe. Ni en los medios privados ni en la televisión y la radio públicas y la prensa afín al gobierno.

En el ámbito privado, los trabajadores de prensa en su carácter de asalariados, se encuentran subordinados a los lineamientos editoriales del dueño y patrón del medio y de las empresas que comercialmente lo sostienen. En la esfera estatal, los medios se hallan al servicio del gobierno de turno y no admiten voces disidentes o críticas. Al igual que en Clarín, en Radio Nacional, Canal 7 o la agencia oficial Telam se persigue y castiga no sólo a quien tenga la osadía de emitir un juicio crítico sobre un tema que afecte a la administración kirchnerista sino también a los trabajadores organizados en sindicatos combativos.

Cuando se produjo el crimen de Mariano Ferreyra a manos de las patotas de la Unión Ferroviaria, muchos medios hablaban de muerte en lugar de asesinato. La manipulación de la información se da indistintamente en medios públicos o privados: ya sea a través del manejo de las connotaciones subjetivas de las palabras más allá de los hechos o por medio de formatos, tiempos y espacios que, deliberadamente, fragmentan y reciclan la información con el único objetivo de desinformar.

Bertrand Russell, en su selección de ensayos "Let the People Think" (Deja que la gente piense), propuso que en la escuela se enseñe el arte de leer con incredulidad los periódicos; y Jorge Luis Borges agrega acertadamente que los desprevenidos e ingenuos lectores de noticias "se dejan embaucar por artificios tipográficos o sintácticos; piensan que un hecho ha acontecido porque está impreso en grandes letras negras; confunden la verdad con el cuerpo doce".

Los paquetes de cigarrillos advierten que "fumar es prejudicial para la salud". Sería necesario, por una sencilla cuestión de prevención, que los medios de comunicación agregasen en los títulos de los noticieros radiales y televisivos y en las tapas de los periódicos, la siguiente advertencia: "consumir información con ingenuidad es perjudicial para la salud".